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4/6/09

Los desagravios


Algunos tal vez tienen escasa memoria, o pocos años, para recordar aquellos actos "multitudinarios" frente a la Plaza de Oriente donde una masa de cincuenta, o cien mil personas, llegadas allí "casualmente" y de forma voluntaria, agitaban banderas de España y enronquecían gritando consignas y vivas a diestro y siniestro, al caudillo por la gracia de dios, a la España única e invencible en la que nunca se ponía el sol (eso era un poco antes, creo recordar).
El truco estaba en gritar más que el que tenías detrás, o al lado, no fuese a ser un confidente y te señalase como "desafecto" al Régimen o, lo que es peor: que te sacasen en el No-Do y toda España viese lo poco convencido que parecías entre tanto exaltado y patriotas convencidos.
Pues bien el recuerdo- en blanco y negro- de aquellas monstruosas manifestaciones organizadas por los sindicatos verticales, los a la fuerza sumisos directores de institutos y colegios, las organizaciones empresariales verticales, y la sección femenina entre otras, tienen en la actualidad- por comparación- su continuidad en lugares como Valencia, Castellón y Alicante, por citar algunos lugares en los que los políticos al mando de la cosa pública recurren a este tipo de "Actos de Desagravio" "multitudinarios" para convencer a jueces, medios de comunicación y oponentes políticos que, ellos, están a salvo de las leyes y de las normas, que tienen un respaldo social y ciudadano que les permite vivir y, sobre todo obrar, al margen de la ley. ¡Ele sus gónodas!

29/5/09

Rosa de pitiminí


Antiguamente se decía que rosa sin espina... no había. Eso era antes de que la biología genética aplicase las modernas técnicas que permiten modificar el patrón genético casi de cualquier cosa: como obtener rosas sin espinas. Como la técnica es relativamente reciente las Rosas Diez, por ejemplo, nacieron con espinas.
Esa sensación tuve hoy frente al telediario, al observar las rojas y afiladas uñas de la ínclita Rosa la vasca, clamando en su mini espacio televisivo de publicidad electoral. Y no me produjo esa impresión el escuchar su voz, endurecida en mítines y arengas (algo cascada por el tabaco y los chupitos de Pacharán), no fueron las medidas propuestas por su partido- que alguna propuesta harán a sus electores potenciales, no, no fue eso porque no comentó ninguna. Lo que me produjo esa sensación de estar en presencia de una amenaza vegetal, dos docenas de férreas púas envenenadas, fue escucharle decir insensateces como que "...no quieren que votemos, no les interesa a los dos grandes partidos que la gente vaya a votar..."
Posiblemente sea una de las pocas cosas en las que ambos partidos están de acuerdo: hay que ir a votar. Cada uno a su opción, a quien le convenza, a quien estime que mejor defenderá sus intereses- los de todos nosotros- para estar representados allí donde se toman cada día más decisiones que nos afectan: en el parlamento europeo. De modo que utilizar el escaso tiempo que le dan- en función de los escaños de su partido- para mentir sobre lo que los demás dice que dicen me recordó a ese arbusto que nos proporciona hermosas y perfumadas rosas pero, ojo, erizados sus tallos de aguadas espinas. Esa Rosa...